
¡Bienvenidos de nuevo a mi blog de corrección de textos y trucos para aprender a escribir mejor!
Tras el paréntesis veraniego, retomo con un tema que sé que os ocupa y preocupa a muchos de vosotros: la puntuación de los diálogos.
¿Qué signo hay que usar para marcar el inicio de un diálogo, el guion, dos guiones juntos, la raya larga? ¿Hay que dejar espacio antes y después de esa raya? ¿Cuándo? ¿En qué casos el verbo del inciso del narrador debe en ir en mayúscula inicial y en qué casos tiene que ir en minúscula? ¿Tienen cabida las comillas en los diálogos? ¿Dónde se pone al coma: antes de la raya o después?
Sí, muchas preguntas… En esta entrada, os hablaré de las reglas básicas para puntuar diálogos y os proporcionaré ejemplos prácticos para ayudaros a mejorar vuestras habilidades de escritura.
Lo primero y más importante, quizá, es saber que en los diálogos se utiliza la raya y no el guion.
raya: —
guion: –
No debemos confundir estos dos signos. Si queréis saber más sobre la raya podéis consultar este enlace de la RAE.
Y ahora vamos de lo fácil a lo más complejo
El caso más sencillo sería este:
—No puedo creer que hayas hecho eso.
—¿A dónde crees que vas?
Donde la raya de arranque va pegada a la primera palabra del parlamento.
Cuando el parlamento termina con un inciso del narrador, se emplea otra raya para marcar el comienzo de este inciso:
—No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Pedro enfadado.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó Laura.
Después del parlamento hay que dejar un espacio, insertar la raya y, seguidamente (sin dejar espacio), el verbo que introduce el inciso, que por tanto va pegado a la raya.
Cuando tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje no se escribe raya de cierre. Sería erróneo:
—No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Pedro enfadado—.
Se escriben dos rayas, una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del personaje y este continúa hablando inmediatamente después.
—No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Pedro enfadado—, es que no me lo puedo creer, de verdad.
Las rayas del inciso van pegadas al inciso del narrador y separadas de la intervención del personaje.
Verbos de habla
Como en el caso anterior, muchos de los incisos comienzan con los llamados verba dicendi. Son los verbos de habla (dijo, vociferó, musitó, afirmó, preguntó, exclamó) y deben escribirse en minúscula.
—No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Pedro enfadado.
Incluso cuando la intervención del narrador está precedida de un signo de puntuación que tenga valor de punto, como el signo de cierre de interrogación o de exclamación:
—¡No puedo creer que hayas hecho eso! —dijo Pedro enfadado.
Cuando se trata de un verbo de habla que empieza por pronombres del tipo me, te, se, nos, os les, le, la, el pronombre debe ir en minúscula:
—¡No puedo creer que hayas hecho eso! —le dijo Pedro enfadado.
Por otro lado, hay verbos que no estrictamente de habla (por ejemplo, interrumpir o reír), pero pueden actuar como tales y en ese caso introducirán el inciso en minúscula:
—No puedo creer que hayas hecho eso —sonrió Pedro halagado (dijo Pedro sonriendo)

Verbos de creencia y emoción
En el caso de los verbos de creencia, emoción y reflexión (pensar, reflexionar, meditar, lamentar, suponer…), aunque no son verbos de habla propiamente dichos, lo cierto es que nos ayudan a introducir la voz de los personajes de forma directa o indirecta. Por tanto, irán en minúscula siempre que tengan la misma intención que un verbo dicendi.
—¡No puedo creer que hayas hecho eso! —se lamentó Pedro enfadado.
Si la acotación se interpreta como una acción y el verbo no tiene sentido de verbo de habla, utilizaremos la mayúscula inicial.
—Qué egoísta, no puedo creer que hayas hecho eso. —Lamentó al instante haber dicho eso y se excusó—: Disculpa, no sé qué me pasa.
Como podéis observar, en el primer caso no hay punto y el inciso va en minúscula. Y en el segundo caso, se introduce un punto y el inciso comienza con mayúscula.
Verbos de acción
Cuando se utiliza un verbo de acción, la frase del personaje se puntúa antes de la primera raya de inciso. El inciso comienza con mayúscula y la puntuación de final de inciso se mantiene detrás de la segunda raya.
—No puedo creer que hayas hecho eso. —Se levantó enfadado, dio un golpe en la mesa—. De verdad que no me lo puedo creer.
Comas
Cuando se introduce una coma, este debe ir después del inciso.
—No puedo creer que hayas hecho eso —dijo Pedro enfadado—, pero tendré que hacerme a la idea.
Signos de interrogación y exclamación
Cuando la primera intervención acaba con un signo de interrogación, exclamación o puntos suspensivos, tras el inciso debe haber un punto aunque dichos signos ya lleven incorporado el punto.
—¡No puedo creer que hayas hecho eso! —dijo Pedro enfadado—. De verdad que no me lo creo.
—¿Que has hecho eso? —dijo Pedro enfadado—. De verdad que no me lo puedo creer.
Puntos suspensivos
En cuanto a los puntos suspensivos, se escriben siempre antes de la primera raya de inciso. Dejaremos un espacio delante de esta.
—No puedo creer que hayas hecho eso… —dijo Pedro.
Si el signo de puntuación que hay que poner tras el inciso del narrador son los dos puntos (no sé si os habéis fijado que ya han aparecido en un ejemplo anterior), estos se escriben también tras la raya de cierre:
—Qué egoísta, no puedo creer que hayas hecho eso. —Lamentó al instante haber dicho eso y se excusó—: Disculpa, no sé qué me pasa.
Parlamentos de varios párrafos
A veces ocurre que el personaje necesita argumentar algo o contar una historia durante el diálogo, por lo que su intervención es más larga de lo habitual. En estos casos, usaremos las llamadas comillas de seguir o de seguimiento.
Estas comillas son las de cierre (») y se abren en cada párrafo de la intervención (excepto el primero, que se abre con raya). Sirven para indicar que continúa hablando el mismo personaje. Al final del parlamento, no colocaremos comillas de nuevo. Usaremos el punto y aparte y comenzaremos la intervención del siguiente personaje con una raya o, si es el final del diálogo, introduciremos el párrafo que corresponda.
Veamos un ejemplo:
—Me acuerdo mucho de la abuela, ahora me arrepiento de no haber hablado más con ella. Nos parecía una abuela como las demás, pero ella era diferente. Ahora que somos mayores me recuerda un poco a ti, todo el día de un lado para otro y viajando sin parar. Menos cuando éramos pequeñas, que nos reservaba el verano entero. Qué veranos aquellos, ¿te acuerdas?
»Estábamos todo el día en la calle. Las horas se nos iban en nada, en realidad; en aquellos bancos, con aquel calor que hacía, comiendo los polos de la tienda de Ángel o tirándonos la pelota durante horas o hablando hasta bien entrada la noche, cuando la abuela se asomaba y nos decía que ya era hora de meternos en la cama.
»Ahora, cuando lo pienso, me doy cuenta de lo generosa que fue con su tiempo, con lo que a ella le gustaba estar de aquí para allá. En esos veranos nos lo daba todo… No lo he valorado hasta que me he hecho mayor. —Su tono se volvió más suave—. Ojalá pudiera volver a esos veranos, aunque fuera solo para decirle cuánto la quería.
El esquema sería el siguiente:
—Párrafo inicial.
»Párrafo de continuación 1.
»Párrafo de continuación 2.
»Párrafo final.
Si el parlamento comienza con comillas, el esquema sería el siguiente y finalizaría con las comillas de cierre y punto:
«Párrafo inicial.
»Párrafo de continuación 1.
»Párrafo de continuación 2.
»Párrafo final».
Os invito a leer este artículo de mi compañera Marian Ruiz sobre las comillas se seguimiento..
Diálogo dentro del diálogo
El diálogo dentro de otro diálogo se marca con comillas:
—¿Sabes lo que me dijo? Va y me suelta gritando: «¡No me puedo creer que hayas hecho eso!». No sé quién es él para dar lecciones…
Cuando lo que se narra es el pensamiento de un personaje, se puede marcar con comillas:
«No me puedo creer que haya hecho eso», pensó Pedro. «Pero al menos así no tendré que ocuparme yo del asunto».
Pero también es posible usar las rayas:
«No me puedo creer que haya hecho eso —pensó Pedro—. Pero al menos así no tendré que ocuparme yo del asunto».
Bueno, pues hasta aquí el complejo mundo de la puntuación de los diálogos. Espero que os haya resultado útil. Como todo, es cuestión de saberse las normas y practicar hasta cogerle el tranquillo.
Quienes os suscribáis al blog recibiréis una guía donde explico más en profundidad este asunto, que puede resultar un poco engorroso y es una de las tareas que más interesan tanto a los escritores como los correctores de textos.
Y si queréis saber un poco más de mí, podéis pinchar aquí https://correctoradetextos.es/sobre-mi/.
Un abrazo,
Elena
Muy buena y pertinente entrega.
Saludos.
¡Muchas gracias! Un abrazo
Sí, y tan complejo mundo. Gracias por las explicaciones y los claros ejemplos.
Gracias desde Argentina
se disipó mi duda sobre la correspondencia de colocar o no los dos puntos (:) antes de la raya iniciadora de un diálogo.
Me alegro. Un abrazo desde España