¡Hola a todos! Bienvenidos una semana más a este blog sobre corrección de textos y consejos para aprender a escribir mejor. Hoy os voy a hablar de las redundancias y los pleonasmos.

Estoy segura de que a muchos de nosotros nos enseñaron que todas las redundancias son incorrectas. Pero ¿es esto así realmente? Voy a tratar de poner un poco de luz acerca de este asunto.

Empezamos por el principio.

La redundancia es la repetición o el uso excesivo de una palabra o un concepto.

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En la redundancia se presentan algunos términos o frases con contenidos predecibles ante el resto de la información, por lo tanto, lo redundante no aporta datos nuevos, ni descriptivos ni explicativos, sino que, por el contrario, reitera lo que ya se conoce.

En el español, es una herramienta lingüística ampliamente utilizada en diferentes contextos y, aunque puede resultar eficaz en algunos casos, su uso excesivo puede tornarse innecesario y hasta cansado para el lector o el interlocutor.

Aunque en ocasiones se emplea de manera consciente y deliberada para resaltar ciertos aspectos, en otros casos puede surgir de manera involuntaria, debido a la falta de precisión o el desconocimiento del hablante. Y su uso excesivo o innecesario, tanto de manera consciente como involuntaria, puede perjudicar la claridad y la fluidez del mensaje.

Se trata del empleo de uno o más vocablos innecesarios para que una oración tenga sentido completo, pero con los cuales se añade expresividad a lo dicho.

Lo vi con mis propios ojos.

Aplicó la norma que actualmente está en vigor.

Me pregunto cómo estábamos nosotros.

Le llevaron el pedido hasta su propio domicilio.

Así que, de momento, ya vemos una diferencia: las redundancias no aportan nada nuevo y resultan reiterativas y los pleonasmos aportan igualmente elementos innecesarios, pero con una función importante: añadir expresividad. Los pleonasmos no son una pura repetición o una pura redundancia.

Como bien dice mi compañera Marian Ruiz Garrido en esta entrada «el pleonasmo repite, pero, a la vez que repite, aviva el mensaje, le proporciona una intensidad extraordinaria o potencia un sentimiento determinado».

Sin embargo, al preguntarle un usuario a la Fundación del Español Urgente sobre si existe alguna diferencia entre redundancia pleonasmo, Fundéu respondió: «Hay quienes lo llaman pleonasmo cuando es una figura y redundancia cuando es vicio, pero, normalmente, se toman como sinónimos; la redundancia es más general y común, y el pleonasmo es un término más técnico».

Para la RAE, «ambos conceptos, pleonasmo y redundancia, se refieren al uso, en un enunciado, de palabras o expresiones que transmiten repetitivamente un mismo significado. Etimológicamente, ambas tienen el mismo sentido: ‘sobreabundancia o exceso’».

Sea como fuere, y más allá de diferencias más o menos sutiles, lo cierto es que ambos tienen en común el hecho de la repetición. Pero…

Imagino que a muchos de vosotros os enseñaron, como a mí, que sí son incorrectos, pero la cuestión no es tan simple, porque el español es una lengua muy redundante, dado el uso que hacemos de los morfemas verbales, de género y de número que utilizamos habitualmente.

La redundancia está muy presente en nuestro idioma y, aunque muchos casos no están académicamente aceptados, hay un buen número de hablantes que la empleamos con asiduidad.

Según el libro Las 500 dudas más frecuentes del español, editado por el Instituto Cervantes, es correcto decir que alguien sube para arriba o baja para abajo. Aunque resulte redundante, el Instituto Cervantes explica que estas expresiones, y otras como entrar adentro o salir afuera, son admisibles en el uso oral y coloquial de la lengua, donde se utilizan generalmente con valor expresivo o enfático, «pero debemos evitarlas en los textos escritos».

Para la RAE, a pesar de su redundancia, «la información que aportan los adverbios suele ser necesaria, por lo que en el contexto adecuado se pueden considerar construcciones válidas». En estas construcciones, se repite la idea de movimiento y crean un efecto de énfasis, resaltan la dirección y proporcionan una imagen más vívida en la mente del receptor, pero se aconseja evitarlas en contextos más académicos o formales.

Por su parte el Diccionario María Moliner, indica que esta figura «puede añadir gracia o expresividad a la frase».

Por tanto, ya vemos que no siempre esta figura es algo necesariamente censurable. Aunque en algunos contextos puede considerarse un uso incorrecto del lenguaje, en otros resulta completamente aceptable y se convierte en una herramienta estilística valiosa.

Resulta evidente que en el lenguaje escrito no podemos llenar el texto de redundancias (no se trata de insultar la inteligencia del lector), pero tampoco es necesario sacar la hoz para segar cualquier atisbo de repetición, porque, en ocasiones, puede ayudar a dar énfasis, a realzar una concordancia, a favorecer la claridad.

¿Cómo podríamos diferenciar la pertinencia de una repetición?

Lo explica magnífica y bellamente Marian Ruiz Garrido: «En el pleonasmo hay una suerte de ardor torrencial que fracasa en la redundancia. Un pleonasmo te sumerge en una especie de trance hipnótico que intensifica el sentido de lo que se dice».

Me he enfrentado en más de una ocasión a textos donde quien escribe se dedica todo el tiempo a explicar cada paso de cada personaje, lo que deviene en una escritura superficial, accesoria, innecesaria, cansina y aburrida.

Está claro que una frase como Dio unos pasos, agarró el manillar, lo giró, abrió la puerta, la volvió a cerrar y, solo entonces, siguió caminando por el pasillo no aporta ningún ardor ni enamora, sino que más bien aburre y aplana.

Al igual que expresiones del tipo:

Yo personalmente opino que las cortinas están pasadas de moda.

La hemorragia de sangre fue tan intensa que tuvieron que hacerle un torniquete.

Cerró los puños y a punto estuvo de darle un puñetazo.

Me tocó esperar en la calle más de una hora y me quedé aterida de frío.

Hay casos intermedios: Se acercó y lo abrazó. Evidentemente, para poder abrazar a alguien es necesario acercarse primero y, por tanto, bien podría decirse sencillamente Lo abrazó. Pero tal vez en una escena determinada ese Se acercó ayuda a mejorar la imagen, a poner énfasis a la acción.

¿Es incorrecta la primera frase? No. ¿Se puede abusar en una novela una y otra vez de este tipo de obviedades? Tampoco.

Otra expresión común es pensar mentalmente, donde se duplica el concepto de pensamiento para subrayar la actividad cognitiva en sí misma. Estas construcciones pleonásticas se han arraigado en el lenguaje coloquial y forman parte de la riqueza y diversidad de expresiones en español.

La clave está en la habilidad de quien escribe, en interpretar bien el sonido de las palabras, del ritmo, en esforzarse y revisar lo escrito.

Os invito a todos a leer «Sobre la redundancia y las formas de interpretarla» de Ignacio Bosque (lo tenéis en Centro Virtual Cervantes), donde señala que la redundancia no es un vicio del idioma y que, entendida como la repetición de informaciones léxicas o gramaticales, «cumple en el idioma ciertas funciones que no se miden en términos estrictamente lógicos». Bosque llama la atención sobre el hecho de que el pleonasmo se considere, por un lado, un vicio del idioma, y por otro una figura retórica. Es decir, por una parte se celebra como un logro artístico y, por otra, en la boca de los simples hablantes, «pasa a ser muestra de su pobreza expresiva y de su incapacidad para entender que en una secuencia es ocioso reiterar los mismos significados con distintas palabras».

Ya hemos dicho que la RAE da su aprobación a expresiones como subir para arriba o entrar dentro, pero, sin embargo, censura algunas redundancias, como lapso de tiempo (los lapsos siempre son temporales), por lo que, dice Bosque, el hablante «nunca acaba de saber si sus redundancias son expresivas o simplemente torpes».

El autor señala que las redundancias pueden cumplir varias funciones, tanto en tanto en la lengua común como en el lenguaje literario:

  • El «ardor» o el «trance hipnótico» al que nos lleva el lenguaje poético.
  • Poner de manifiesto relaciones de concordancia o de énfasis: duplicación pronominal (Me gustó/A mí me gustó) y en las oraciones con adverbios negativos (No me voy hasta que no me lo expliquen/No me voy hasta que me lo expliquen) la redundancia.
  • Para marcar la reflexividad en frase con reflexivos átonos, estos a veces no son suficientes y se introduce el prefijo -auto (automedicarse, autojustificarse) y hay casos como autoabastecerse donde las formas prefijadas no son completamente redundantes. No es lo mismo decir autoabastecerse a sí mismo (por uno mismo) que abastecerse uno mismo (sin ayuda). Es una cuestión de matices, pero que demuestra que no siempre la redundancia es censurable.

También habla de los epítetos y de expresiones como espeso bosque, arroyo cristalino, vana arrogancia, vistoso plumaje, mansas ovejas, pero insisto en que lo leáis porque es muy interesante.

En conclusión, el pleonasmo en español es una figura retórica que nos permite añadir énfasis y expresividad a nuestras palabras. Aunque en ocasiones se considera un uso incorrecto del lenguaje, en otros contextos se convierte en una herramienta estilística valiosa que enriquece nuestro discurso. Ya sea para resaltar una idea, añadir intensidad o crear imágenes más vívidas, el pleonasmo nos invita a jugar con las palabras y disfrutar de la flexibilidad de nuestro idioma.

En tu arte está, querido escritor, el hábil manejo de las repeticiones para no caer en el ridículo o lograr, si tu habilidad y tu estilo te lo permiten, elevar lo escrito para hacer gozar al lector.

Bueno, pues hasta aquí la entrada de hoy. Como siempre, espero que el contenido os haya resultado interesante.

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Un abrazo,

Elena

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