¡Hola a todos! Bienvenidos de nuevo a este blog sobre corrección de textos.

Como ya hemos hablado en anteriores entradas de la coma (coma asesina, coma y los incisos y otros casos), creo que tocaba, de manera natural, abordar el punto y coma.

Lo confieso desde el principio: ¡soy una gran amante del punto y coma! Es un signo de puntuación elegante, sutil y bello que hay que saber usar, más allá de las recomendaciones puramente académicas, con cierto tino. Sin embargo, no a todo el mundo le gusta. Es conocido el rechazo que el escritor Kurt Vonnegut sentía hacia él y que ha quedado sellado en frases como esta: «No uses el punto y coma. Es el hermafrodita travestido que no representa absolutamente nada. Solo demuestra que has ido a la universidad». Parece que también dijo que Hemingway se suicidó poniendo punto final a su vida porque «la vejez se parecía demasiado a un punto y coma».

A pesar de la genialidad de Vonnegut y de otros autores que tildan al punto y coma de cursi, anticuado, pedante, etc., creo que es un signo de puntuación necesario y pertinente. A lo largo de mi trayectoria como correctora, me he encontrado muchísimos manuscritos donde el punto y coma estaba prácticamente desaparecido; otros, los menos, cuyos autores gustan de este signo de puntuación y en ocasiones acaban abusando de él y… pierde la gracia.

En el colegio me enseñaron (no sé si se sigue haciendo) que el punto y coma suponía una pausa mayor que la coma y menos que la indica el punto. Sin embargo, como bien dice la Ortografía de la lengua española, «la longitud de la frase es un criterio poco fiable a la hora de puntuar». Al igual que la coma, separa unidades textuales básicas, pero esto no quiere decir que sean signos de puntuación (la coma y el punto y coma) que se puedan intercambiar siempre. Cuando delimita oraciones independientes, su uso es parecido al del punto. En esta entrada del Diccionario panhispánico de dudas, tenéis más información.

Sirve para jerarquizar la información y que los lectores captemos enseguida cuáles son, por ejemplo, los elementos coordinados superiores de los inferiores. También sirve (y esto me parece fundamental) para mostrar el grado de dependencia y relevancia entre las unidades lingüísticas. Esto, dicho así, suena a algo muy académico, pero al leer nos ayuda a comprender sin dificultades la secuencia de la información y saber qué es lo importante, qué lo secundario y qué parte de lo dicho depende de qué. En resumen: en esta segunda función, el punto y coma supone una mayor disociación entre las unidades que la coma y menos que la que implica el punto.

En oraciones coordinadas

Se puede utilizar el punto y coma para separar los miembros de las oraciones copulativas y disyuntivas de cierta complejidad y longitud.

Nota: si se usa para separar los miembros de una frase coordinada, hay que mantener el punto y coma aunque alguno de los miembros no lleve coma o sea corto.

*He invitado a mi cumpleaños a Paula, mi hermana mayor; a mi amiga Carmen, su primo, y mis compañeras de la oficina.

He invitado a mi cumpleaños a Paula, mi hermana mayor; a mi amiga Carmen; su primo, y mis compañeras de la oficina.

En un caso así, cuando el último elemento va precedido de una conjunción, se puede utilizar también el punto y coma, pero es más aconsejable emplear la coma porque ya avanza que la numeración acaba.

Por tanto, también sería aceptable:

He invitado a mi cumpleaños a Paula, mi hermana mayor; a mi amiga Carmen; su primo; y mis compañeras de la oficina.

Yuxtapuestas

Separa oraciones independientes, pero semánticamente cercanas:

Se ha esforzado muchísimo, más de lo que nunca imaginó; todo el mundo le ha felicitado por ello.

Se habían quedado dormidos y salieron corriendo para no perder el tren; al llegar, el hombre del banderín estaba subiendo el brazo para marcar la salida.

Nota: En estos dos ejemplos y otros similares, bien podría utilizarse el punto y seguido.

Adversativas

Cuando las oraciones vinculadas son largas (más aún si alguna tiene comas internas), se aconseja usar el punto y coma delante de las conjunciones «pero», «más» y «aunque».

Todo el mundo sabía que su carrera estaba repleta de éxitos porque él mismo se encargaba de hacerlo notar; pero, aunque esto era cierto, había algunos, incluso dentro de su oficina, que creían que creían que no era más que una burbuja a punto de explotar.

Con conectores

Si los conectores unen dos secuencias largas, es aconsejable usar punto y coma. En caso de que se trate de estructuras más cortas, se puede optar por la coma. Por el contrario, si los periodos que separan los conectores son demasiados prolongados, es recomendable el uso del punto.

Había dedicado ocho horas diarias durante dieciocho meses a estudiar la oposición; sin embargo, cuando se presentó al examen le pareció que se había quedado corto en su esfuerzo.

Le costaba mucho a ir a la compra cuando salía de trabajar; por tanto, era habitual que abriera la nevera y se encontrara con un vacío desolador.

Frases que admiten dos o más opciones

El portero del edificio se metió corriendo en el portal; acababa de ver al pesado del tercero derecha.

El portero del edificio se metió corriendo en el portal: acababa de ver al pesado del tercero derecha.

El portero del edificio se metió corriendo en el portal. Acababa de ver al pesado del tercero derecha.

El portero del edificio se metió corriendo en el portal porque acababa de ver al pesado del tercero derecha.

Según la longitud

Hice sonar el claxon, pero Ismael no se enteró.

Hice sonar el claxon; sin embargo, Ismael parecía ir en su mundo y continuó caminando absorto.

Hice sonar el claxon. Sin embargo, Ismael parecía ir en su mundo y continuó caminando absorto hasta que se quedó de pie frente a un escaparate y se decidió a entrar en la tienda de muebles.

Espero que esta entrada os haya resultado útil y os haya picado el gusanillo del punto y coma. Atreveos a usarlo: vuestra prosa ganará en sutileza y será más rica. Pero siempre con atención y sentido.

Azorín dijo: «Cada autor tiene su librito, es decir, su estilo. Y cada autor puntúa a su modo. No solo es cuestión de escribir, sino que es menester ver cómo vamos poniendo los puntos y las comas. No basta decir: “Yo voy a poner punto y coma donde los demás ponen punto. Y voy a poner punto donde la generalidad de la gente pone punto y coma”».

Veamos cómo el escritor lo usaba (¿tal vez abusaba?) en su obra El artista y el estilo:

El descubrimiento de un nuevo retrato de Cervantes —un presunto retrato— obliga al comentario. Este Cervantes es Cervantes; los otros Cervantes son caballeros que quieren ser Cervantes. Nos mira este Cervantes de un modo sesgo; sesgo en sus dos acepciones; de medio lado y sesgadamente. Tiene el Cervantes del nuevo retrato un ambiente de melancolía; su mirada es melancólica. Dice de sí Cervantes que él tiene los ojos “alegres”; pero en ese retrato son tristes.

Otros ejemplos:

Hay demasiados que nacen y es como si no hubieran alcanzado ni atravesado jamás el mundo; son tan pocos de los que queda memoria o registro y hay tantos que se difuminan y despiden pronto…

Negra espalda del tiempo. Javier Marías

A oscuras fingimos un naufragio en el que Elvis era el bote salvavidas y yo el náufrago, así se ponía boca abajo en la alfombra y yo me echaba encima de él; daba brazadas contra el suelo y nos frotábamos todo el rato.

Malaherba.Manuel Jabois

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¡Hasta la entrada que viene!

Un abrazo,

Elena

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